Beato Manuel Lozano Garrido “Lolo”

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«Los males del siglo radican esencialmente en un egoísmo concentrado y en el tremebundo distanciamiento de la Eucaristía. Para salvarse es preciso que la Humanidad dé marcha atrás en su elección de un camino ficticio, hay que aclarar los ojos vidriados por la soberbia, para fijarlos en ese rincón tan cercano -¡y tan lejos, Dios mío!- donde campea la Espiga Eterna de la Paz, Cristo Pan, única meta capaz de saciar por toda una eternidad la sed y el hambre del mundo. Lo dijo Él con su verbo: “Yo soy el pan de vida; quien viene a mí no sentirá hambre y quien cree en mí no sentirá sed jamás”. Porque Cristo -y con Él, la paz- vendrá y se nos dará ineludiblemente. Está ya ahí, a solo un paso de la declinación humilde de nuestro egoísmo, en la encrucijada de nuestra sed y de nuestra hambre, salvando la infinita distancia de un Dios majestuoso y justiciero bajo los humildes ropajes de un Dios escondido. Sí, estás ahí, Señor, con la paz inédita, con el gozo latente, la felicidad a punto, eternizando en la Eucaristía ese tu gesto secular de amor crucificado para que por tu “Tomad y comed… Tomad y bebed” sea posible la purificación y divinización de nuestra pobre existencia angustiada».